
Te ayudaremos a organizar tu viaje a la India con los siguiente lugares imprescindibles que te mostraremos.
La mayoría de las personas que visitan India en una parte la odia y en otra les encanta, no existe un término medio. Aunque yo tuve días que me lo pasaba bien era un día espectacular, pero cabe decir que eso suele cambiar en cuestión de horas. Por eso digo que viajar a este país te hace vivir la experiencia y aprender de su cultura ya que no te hace alguien indiferente. En la india vivirás retos y aventuras que no te las podrías imaginar, en algunos casos situaciones difíciles e incómodas debido a la pobreza que se incrementa en la gran parte de la población.
Al estás viviendo varias situaciones incómodas, pensará de abandonar el país y que lo mejor sería irse, pero al final todas esas experiencias que pasarás hará que ames a la India y le parece algo más que interesante las experiencias vividas. En este país viven hinduistas y budistas, en la que tienen grandes joyas arquitectónicas como templos, castillos, mezquitas y mausoleos como el maravilloso Taj Mahal.
Chicos, si están pensando en ir a India, les digo desde ya: no intenten verlo todo en un solo viaje, a menos que tengan varios meses libres. Lo mejor es dividirlo en dos partes y tomárselo con calma, porque ese país es una locura de grande y de intenso.
En mi primer viaje me fui directo al norte, por la zona del Rajastán. Arranqué en Delhi y terminé en Varanasi, pasando por un montón de ciudades que parecen salidas de una peli. Hay de todo: palacios, desiertos, templos, calles caóticas… y sí, vacas por todos lados. Cada lugar es como otro mundo.
Después, cuando volví, me tiré para el sur, que es más tranquilo y menos turístico, pero igual de increíble. Empecé en Bombay y terminé en Kerala, que es como un paraíso verde lleno de canales, arrozales y comida brutal. Si tienen días extra, les recomiendo pasar unos días en las playas de Goa para descansar o, si les va más la aventura, hacer un trekking por Ladakh —¡es una locura ese paisaje!
Para moverse por ahí, yo hice un mix: tren, vuelos internos y a veces coche con conductor, que la verdad es súper cómodo y te evita mucho estrés. Si tienen tiempo y quieren la experiencia completa, el tren en India es toda una aventura. Eso sí, prepárense para todo tipo de situaciones.Y consejo de oro: vayan entre noviembre y febrero. Es cuando el clima se porta bien, no hay tanto calor ni lluvias, y se puede disfrutar mucho más.
A continuación hemos creado una lista de los lugares más importantes que visitar en la india. Vamos allá!!!
La famosa ciudad de Agra
Agra fue una de esas paradas que sabía que iba a ser especial, pero no pensé que me iba a impactar tanto. Obvio, lo primero que se viene a la cabeza es el Taj Mahal —sí, esa joya blanca que aparece en todas las postales de India— y con razón. Es una locura estar ahí, frente a algo tan impresionante, sabiendo que fue construido por amor. El emperador Shah Jahan lo mandó hacer para su esposa favorita, Mumtaz Mahal, que murió dando a luz. O sea… si eso no es amor eterno, no sé qué lo es.
Les tiro un tip: vayan súper temprano, tipo 6 a.m. cuando abren las puertas. A esa hora está mucho más tranquilo, sin los tours gigantes, y se disfruta de otra manera. Los viernes cierra, así que ojo con eso. Yo estuve ahí sacando mil fotos, pero también me quedé un rato solo mirando, porque de verdad se siente algo especial. Y si pueden, vayan a ver el atardecer desde el otro lado del río Yamuna. La vista desde ahí es otro nivel, con ese cielo anaranjado de fondo… mágico.
Pero Agra no es solo el Taj. También está el Fuerte Rojo, que es una pasada. Tiene palacios adentro, historia por todos lados, y desde arriba se ve el Taj a lo lejos. Es como que todo está conectado ahí.
Para llegar desde Delhi, lo más fácil es tomar un tren rápido. Tarda unas dos horas y media y listo, estás ahí. Súper práctico si estás armando un recorrido por el norte.
Una de las otras buenas opciones para conocer mejor la historia de la ciudad y del Taj Mahal es hacer una reserva a una excursión a Agra en tren o en este tour con transporte privado, los dos parten desde Delhi y con guía español incluido.

La maravillosa ciudad de Varanasi
Si hay un lugar que me voló la cabeza en India, fue Varanasi. Es de esos sitios que te dejan sin palabras… y eso que yo hablo bastante. Todo gira alrededor del río Ganges: la vida, la muerte, las creencias, todo está ahí, mezclado como si fuera lo más normal del mundo.
En serio, ver cómo creman cuerpos al borde del río es fuerte, pero también es parte de su cultura. Los hindúes creen que si sus cenizas terminan en el Ganges, su alma se libera del ciclo de reencarnación y por fin encuentra la paz. Y mientras eso pasa, al lado hay gente bañándose, purificándose en el mismo río. Todo sucede al mismo tiempo, y no podés dejar de mirar.
Lo más mágico para mí fue el paseo en barca al amanecer. Ver los ghats (esas escalinatas que bajan al agua), los templos, los palacios de colores reflejándose en el agua, todo con esa luz suave del sol saliendo. Es un momento que no se olvida fácil. Si pueden, reserven la barca antes en este tour privado con guía en español, porque vale mucho la pena.
Y más allá del río, también está buenísimo perderse por las callecitas del casco viejo. Son un laberinto total, lleno de templos, puestos de comida, olores raros y sonidos que no sabés de dónde vienen. Pero esa es la gracia: dejarse llevar. También hay tours con guía en español, si quieren entender mejor lo que están viendo reservar este tour privado con guía en español.
Yo llegué en tren nocturno desde Khajuraho (una experiencia en sí misma), pero también se puede volar hasta el aeropuerto, que está a unos 25 km de la ciudad. Si quieren comodidad, esa es la opción.

La sagrada ciudad de Amritsar
Amritsar fue una de esas paradas que no tenía tan en el radar al principio, pero terminó siendo de mis favoritas en el norte de India. Esta ciudad es el corazón espiritual de los sijs, y ya desde que llegás, se nota en el ambiente.
Los sijs tienen una energía súper especial. Muchos viajan desde todos los rincones del país (y del mundo) solo para llegar hasta acá, y verlos con esos turbantes increíbles —que además esconden melenas larguísimas— es parte de la experiencia.
El gran protagonista, obvio, es el Templo Dorado. Está en medio de un lago y es todo cubierto de láminas de oro. No importa cuántas fotos hayas visto, estar ahí en persona es otra historia. Hay algo en el silencio, en la música que suena de fondo, en la gente caminando descalza… que te atrapa. Podés entrar, recorrerlo, y hasta te dan de comer gratis en el comedor comunitario, porque su hospitalidad es de otro nivel.
Además del templo, vale la pena caminar sin rumbo por la parte vieja de la ciudad, meterte en los mercados, probar la comida callejera y pasar por el memorial de Jallianwalla Bagh. Es un lugar con mucha carga histórica por una masacre que ocurrió durante la ocupación británica. Fuerte, pero necesario.
Una excelente manera de conocer la historia de la ciudad es reservar una visita con guía en español.
Yo fui desde Delhi en tren, fueron más de 6 horas pero estuvo tranquilo. También se puede ir en avión si queréis llegar más rápido, creo que en una horita ya estás ahí.

Kerala, lugar imprescindible que visitar en India
Kerala fue como un respiro. Después de recorrer el norte de India, con todo ese caos hermoso pero intenso, llegar al sur fue otro rollo. Todo es más verde, más tranquilo, más suave. Es como si el tiempo corriera más lento y todo te invitara a bajar un cambio.
Lo primero que me sorprendió fue la cantidad de cocoteros por todos lados. Está lleno de naturaleza, y la gente tiene una onda súper cálida, súper amable. Acá todo fluye diferente.
Una de las cosas que más me gustó fue recorrer los famosos Backwaters en esas barcas tradicionales de arroz, que son como unas casas flotantes. Te metés por canales que parecen salidos de una peli, entre vegetación tropical, casitas a la orilla y gente que vive su día a día ahí, en el agua.
También me fui hasta Munnar, una zona de montañas llena de plantaciones de té. No solo el paisaje es brutal, sino que el olor del té en el aire es algo que todavía tengo grabado. Y Kochi, la ciudad colonial, tiene un encanto especial. Hay calles con casitas antiguas, mucho arte, y en la costa podés ver a los pescadores usando esas redes chinas enormes al atardecer… una postal total.
Para llegar, lo más fácil es volar desde Delhi o Bombay. Podés aterrizar en Kochi o Trivandrum, y desde ahí moverte en tren, bus o taxi según lo que vayas a recorrer.

Jaisalmer
Jaisalmer fue una de esas ciudades que me dejaron con la boca abierta. Se la conoce como la Ciudad Dorada, y con razón. Está en medio del desierto del Thar y, cuando el sol le pega, todo brilla como si estuviera bañado en oro. Literal.
La ciudad está construida sobre una especie de colina, y lo primero que ves es su fuerte gigante que parece sacado de un cuento. Apenas cruzás las puertas de la muralla, sentís que viajás al pasado. Las callecitas angostas, los havelis (que son como mansiones antiguas con detalles increíbles), los templos jainistas y hinduistas llenos de tallados… todo tiene un encanto que no se puede explicar bien con palabras.
Una de las mejores cosas que hice ahí fue salir al desierto. Podés subirte a un camello, recorrer las dunas y quedarte a ver el cielo más estrellado que vi en mi vida. Dormí en una tienda en medio del desierto y fue de esas experiencias que no se olvidan. Para conocer mejor la historia que esconde todo esto puedes reservar este tour privado con guía en español.
Para llegar a Jaisalmer, lo mejor es hacer una ruta por el norte del país. Podéis ir en tren o contratar un coche con conductor y de paso visitar otras ciudades como Udaipur, Jodhpur o Pushkar. Así armás un viaje bien completo por Rajastán.

La Nueva Delhi
Nueva Delhi fue mi primera parada en India, y no les voy a mentir… al principio te descoloca un poco. Es un caos total: tráfico por todos lados, bocinazos constantes, millones de personas moviéndose en todas direcciones. Pero cuando le encontrás el ritmo, empezás a ver que tiene algo especial.
Después de un par de días de caminarla (y sobrevivir al shock inicial), empecé a descubrir lugares que me volaron la cabeza. La mezquita Jama Masjid es enorme y súper imponente, y si se animan a subir al minarete, la vista vale mucho la pena. Después tenés el Main Bazaar y el mercado de Chandni Chowk, que son un viaje sensorial: olores, sabores, colores, todo mezclado. Te perdés, pero es parte de la experiencia.
También me encantó la Tumba de Humayun —que tiene una onda al Taj Mahal pero con menos gente—, el Fuerte Rojo, y el templo sij Gurdwara Bangla Sahib, donde vi una comunidad que cocina y da de comer gratis a miles de personas todos los días. Es súper inspirador. Ah, y el Raj Ghat, donde fue incinerado Gandhi, es un lugar muy simbólico y tranquilo en medio del caos.
Si es tu primera vez en Delhi, lo más fácil es arrancar con un tour con visita guiada (hay incluso free tours en español). Te ayuda a ubicarte un poco y a entender lo que estás viendo, porque esta ciudad tiene mucha historia escondida detrás del caos.

Las Cuevas de Ellora y Ajanta
Las cuevas de Ajanta y Ellora fueron una de esas sorpresas que me volaron la cabeza. No es algo que escuches todo el tiempo cuando alguien te habla de India, pero créanme: si tienen la oportunidad, vayan. Son de esos lugares que te dejan con la boca abierta y te hacen sentir chiquito frente a la historia.
Están en el centro del país, en medio de un paisaje verde y tropical que ya de por sí te mete en otro mundo. Ajanta y Ellora están bastante separadas entre sí (como a unas dos horas de distancia), pero vale totalmente la pena visitar ambas.
En Ellora encontrás 34 cuevas talladas directamente en la roca, con templos budistas, hinduistas y jainistas que tienen detalles alucinantes. Lo más loco es que muchas fueron hechas hace más de mil años, ¡y están ahí, intactas! Ajanta, por su parte, tiene 29 cuevas budistas con pinturas y esculturas que parecen sacadas de otro planeta, y son incluso más antiguas.
Yo me basé en Aurangabad, que es la ciudad más cercana y bastante cómoda para moverse. Podés llegar fácil desde Bombay o Delhi, ya sea en tren o en avión. Desde ahí, tomás un taxi o bus a Ellora (queda a 30 km, pero ojo que los martes está cerrada) y otro día te hacés la escapada a Ajanta, que queda un poco más lejos, como a 100 km, y cierra los lunes.
En serio, si te gusta la historia o simplemente queréis ver algo que te saque del típico circuito turístico, incluye estas cuevas en tu ruta. Te van a dejar sin palabras.

La ciudad rosa de Jaipur
Jaipur fue de esas ciudades que te atrapan desde el primer momento. Es la capital del Rajastán y la famosa “ciudad rosa” —sí, literalmente hay edificios pintados de rosa salmón por todos lados—, y tiene una vibra muy especial.
Lo primero que hice fue ir a ver la fachada del Palacio de los Vientos. Es uno de esos lugares que ves mil veces en fotos, pero cuando estás ahí, frente a esa pared llena de ventanitas, te impresiona igual. Muy cerca está el observatorio Jantar Mantar, que parece un parque de esculturas pero en realidad es un conjunto de instrumentos astronómicos gigantes. Súper curioso. También pasé por el Palacio de la Ciudad, que es una mezcla de historia, arquitectura y arte local, y obvio, me perdí un buen rato por los bazares como Chandpole y Tripolia. Son un caos encantador: colores, especias, tejidos, y todo lo que se te ocurra.
Después me tomé un taxi para salir un poco del centro y conocer los cenotafios reales (que son como mausoleos antiguos, súper tranquilos y bonitos), y desde ahí seguí un poco más hasta el Templo del Sol, que tiene unas vistas hermosas y un ambiente muy especial, sobre todo al atardecer.
Pero si hay algo que no se pueden perder en Jaipur es el Fuerte Amber. Está como a 10 kilómetros de la ciudad, en lo alto de una colina, y es una locura lo bien conservado que está. El lugar combina estilos hindúes y musulmanes, y adentro hay palacios, templos, jardines… todo parece sacado de una película. Para conocer la historia de este palacio y no perderte nada debes de reservar la excursión con guía en español desde Jaipur.
Yo llegué a Jaipur desde Delhi en tren, en el Shatabdi Express, que fue cómodo y rápido (unas dos horas y media). También podéis volar, pero el tren tiene su encanto.
